Sé que
esperaste algo sobrenatural de mi, tal vez unas cuantas palabras las cuales
pudieses por un momento no creer, pero tener esperanzas de que fuesen ciertas.
Quieres tal vez que te sorprenda. Bueno, tal vez lo que sienta no es la gran
cosa, tampoco lo que tenga para decirte, tal vez ni sea mucho, tal vez no sea
nada, pero si siento. Lo que siento no se si es amor, ilusión, admiración o tal
vez obsesión. No sé que es esto que me da al despertar, pero es algo como un escalofrió
en el cuerpo. Si eso es.
Nunca me había
gustado tantas cosas en alguien, solo en ti. Tu eres la pequeña excepción que surgió
en mi, tu eres el destino que se me volcó encima, eres el destello que pedí
cuando estaba en la oscuridad. Aquella gota de agua que necesite cuando moría
de sed. Aquel atalaya donde esconderme, donde ser yo misma, donde poder
llamarme “inútil” sabiendo que me harás sentir lo contrario. Puede que sea egoísta,
tal vez lo es, pero ¿Sabes? Hoy paso una semana, exactamente hoy se cumplió una
semana desde que te conocí. Y es que al escribir este post lo único que pasa
por mi cabeza es tu voz. Eso es lo que más me gusta de todo, tu voz. Tu voz que
tiene un poder místico capaz de calmarme, que puedo estar en crisis aun sin
darte cuenta, y con tan solo escucharla puedo lanzarme a mi cama y descansar,
respirar y hacer de cuenta al menos por un par de horas que el infierno no
existe, y tampoco mis demonios. Me encanta tu personalidad, la delicadeza con
la que eliges cada palabra, tus explicaciones, tus perífrasis, tus
comparaciones, toda tu forma de ser. Eso, eso me vuelve loca. Tan solo
escucharte y sonreír, aunque no sea nada cursi, cautivador o algo parecido lo
que estés diciendo, pero sonreír, porque simplemente no lo puedo evitar. También
el silencio que prestas cuando me expreso, la atención que prestas, como cada
detalle que digo lo corriges, tus reprensiones, tus regaños, tus lecciones de
vida. Tus suspiros, como tu aliento se disipa por el micrófono como un perfume,
llenándome de paz. Estoy siendo un poco cursi, pero falta más, y debo decírtelo.
Cuando me
haces preguntas, cuando me llamas, cuando dices “sabes una cosa?” y me pone nerviosísima,
eso me fascina. También cuando te enojas, cuando te pones celoso, cuando
reclamas tus derechos que aunque creas que no los tienes, si los tienes, yo te
di el permiso de tenerlos. El esfuerzo que haces que yo haga para explicarte
las cosas, que no te quiero fallar, que no hago las cosas a propósito o con tal
de herirte si no porque si, vuelvo y digo, soy una inútil.
Casi lo
olvidaba, tu bondad. Tu gran corazón, tu sencillez, tu humildad, la facilidad
con la que ves las cosas, con el odio con el que ves las otras cosas que aunque
son malas para el mundo son normales, parte de nuestro alrededor. Me gustas
porque eres auténtico y vives sin receta, porque eres especial. Eres diferente.
Eres un Ángel. Como ese Ángel guardián que toda chica pide, así eres tú. Que no
eres perfecto, tienes defectos como todos tenemos, pero también me alegra que
no lo seas, ¿sabes? Lo perfecto aburre. Lo perfecto no es lo mejor. Lo mejor
eres tú. Tú eres lo mejor que he conocido hasta ahora.
¿Sabes que es
lo mejor? Que todo esto lo llegue a sentir en una semana, a través de la
pantalla de un celular, o un ordenador.
A través de el sonido de una red social. Todo eso. En una semana. Muchos dirán “estás
loca” y si tal vez lo esté pero ¿Qué tal si este tipo de historias que solo se
ven en los cuentos de hadas si existen? Tal vez si, tal vez no. Lo único que se
es que te volviste mi refugio, con lo que no puedo seguir. Ya no podre decir “estoy
bien” si tu no estás, si no me hablas, si no me regañas, no podre. No podre
decirlo en serio nunca más. Tú me haces bien.
¿Silencio o
suspiro? Yo quiero ambos, pero por favor, que sean tuyos.


